Tengo un recuerdo casi extático de mi abuelo el “Tata”.
Todo un semblante de confianza en mi apuesta, siempre apaciblemente sonriente, siempre (salvo esos momentos en que en la mesa fuerte y seco se oía su mano y su bramido: “¡mujer!” y mi abuela salía al trote hacia la cocina) tranquilo, siempre dispuesto con su meditativo silencio. Y su apacible sonrisa.
En la época de mi abuelo debe haber sido -por lo menos- muuuuy difici conseguir cannabis, asi que no puedo atribuir esa sonrisa a un porrito. Entonces de donde provenía esa inmutable sonrisa?
Mi abuelo fué un hombre feliz, aún en los momentos más dolorosos de su vida, fue un hombre tremendamente feliz.
De donde provenía esa felicidad es y será para mí un misterio (que algo tiene que ver con el Cielo).
Recuerdo su muerte, yo tenía 18 años, me tocaba quedarme a cuidarlo, y él me cuidaba a mi. Después en la otra internación cuando finalmente fallece y mi madrina me cuenta luego que las últimas palabras de él para mí fueron “que cuide a la abuela”.
Tal vez por eso, no fui al velorio ni al entierro de mi abuela. Pensando en el más allá: ya mi tarea había concluido, era el momento de encontrarse con ella, yo estaba de más.
Más acá la historia era otra, y el asombro de que porqué yo (el preferido de la abuela) no fui a su entierro.
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